Contar historias desde la empatía

Debo admitir que siempre he amado entrevistar, pero esta ocasión se siente distinta. Como primera edición de “Spill the Tea with DAIN”, también se siente mucho más especial. Y quizá es porque, más allá de considerarla una amiga de la universidad, Lorena Ruiz es una mujer que admiro profundamente por la pasión con la que vive y entiende lo que hace.

Hablar con ella es entender que el periodismo no siempre nace de un momento revelador, sino de algo mucho más silencioso: aprender a usar tu propia voz. Entre coberturas, libros, historias atravesadas por la perspectiva de género y la búsqueda constante de profundidad en medio de la inmediatez, su manera de entender esta profesión se sostiene desde la ética, la sensibilidad y la intención de nunca dejar de cuestionar.

Ella es una de esas voces que recuerdan que el periodismo todavía puede hacerse desde la empatía, la conciencia y las ganas de contar historias que realmente importan. Y sí, obviamente es la periodista que sí o sí debes conocer.

¿En qué momento entendiste que tu voz tenía un lugar dentro del periodismo?

«No es que tuviera un momento en el que lo entendiera. Simplemente el periodismo te enseña a usar tu voz. Creo que, dejando de lado la industria de los medios, esta profesión es muy noble, porque te da la posibilidad de expresarte y decir lo que quieres. Sí, hay un tema, una nota o ángulo. Pero como autor del mensaje, siempre dejas tu esencia en cada palabra.«

¿Qué responsabilidad implica contar historias en un contexto de sobreinformación?

«Implica demasiada responsabilidad y ética de tu parte. Muchas veces es fácil copiar información de otros medios o sacar lo primero que ves en redes por querer salir antes que otros o ganarte la exclusiva. Sin embargo, es un volado, porque si no confirmas tus datos, corres el riesgo de publicar información que afecte a una fuente, institución o grupo de personas. Para el periodista tener buena relación con las fuentes casi siempre es indispensable. Evidentemente hay excepciones, dependiendo del ámbito que cubras, pero al final lo ideal es no cerrarte las puertas ni poner en tela de juicio tu nombre.«

¿Qué crees que define hoy a una buena periodista?

«El compromiso y la ética. Nunca dejas de aprender a escribir, por más que creas que eres muy buena. Es importante que te retes, busques un ángulo fresco y no te quedes en lo superficial; hay que ir al fondo, investigar y no dar nada por hecho. Sé que a veces es cansado, repetitivo y es una profesión que demanda mucho de tí. Pero debes recordar por qué elegiste este camino.«

¿Qué partes de ti has tenido que fortalecer para sostenerte en esta industria?

«No me considero una persona muy extrovertida y en el medio que me muevo es algo casi indispensable. La comunicación con las personas, no tener silencios incómodos y hacer tema de conversación han sido aspectos que he trabajado mucho para crecer en mi ámbito.«

La voz de Lorena Ruiz refleja pasión y profundidad. Foto: @loreleandoo

Para ella, la objetividad siempre nace de los hechos: lo que ves, escuchas y percibes. Los datos duros son la base de cualquier historia periodística, pero también entiende que contar una historia requiere sensibilidad. Como una escultora, la periodista toma esos elementos y les da forma, estructura y coherencia. Y en ese proceso, tener claras las prioridades y el mensaje que quieres transmitir se vuelve indispensable.

“¿Qué pesa más? ¿Cuál es mi meta? ¿Qué mensaje quiero dar? Y dependiendo de eso decides a qué elementos darles mayor importancia; eso incluye la sensibilidad, pero nunca la objetividad, eso es algo que no se negocia. No puedes cambiar los hechos, solo describirlos y dar tu percepción de estos.”

¿Cuándo fue la última vez que una historia te cambió a ti?

«Hace un par de meses escribí sobre el feminicidio de Renata Palmer. Siempre me he considerado feminista, pero desde que empecé a ejercer no sentía que hiciera algo de manera activa para aportar a la lucha. Sin embargo, a raíz de eso he intentado buscar historias y generar contenido con mayor perspectiva de género.»

¿Qué historias te buscan a ti, aunque no las estés buscando?

«He tenido varias coberturas sobre presentaciones de libros. Y  es algo que, pese a que me gusta la literatura, no me parecía interesante al inicio. No obstante, ahora se han convertido en uno de los tipos de eventos que más me gusta cubrir.»

A pesar de lo competitivo que puede ser el medio, hay algo del periodismo que todavía logra sorprenderla: la humanidad que existe detrás de cada cobertura. Porque incluso en un mismo evento, cada persona vive y cuenta una historia distinta. También destaca la solidaridad que puede surgir entre colegas; esa disposición de ayudar, orientar o tenderle la mano a alguien nuevo, aun cuando técnicamente sean competencia.

¿Qué historias sientes que aún no están siendo contadas y por qué importan?

Hay muchas historias que no se cuentan. Por ejemplo las de las personas con neurodivergencia, la gente en situación de calle o de pueblos originarios. Porque son personas que el sistema abandona. Es importante acercarse a ellxs, abrirles las puertas y dejar que se expresen, para que al menos la población tome conciencia y salga de la burbuja del privilegio. 

¿Qué historias crees que el periodismo aún le debe a las mujeres?

El periodismo le debe mucho a las mujeres. Tanto para quienes hacen periodismo como las que son representadas en cada edición. Una de las historias que más considero urgentes de contar son las relacionadas con la salud de la mujer. Sobre todo en el ámbito de la ginecología. Es doloroso e inconcebible ver cómo la ciencia y medicina han enfocado recursos en estudios como «¿Las mujeres con endometriosis son más atractivas?», que enfocarse en los padecimientos de nuestro género. 

¿Cómo cuidas tu voz en un entorno que muchas veces exige rapidez sobre profundidad?

En mi caso, como el medio en el que trabajó pública de forma semanal, no estoy tan expuesta a la inmediatez. Pero trato de escribir a conciencia. No por entregar. Si es necesario, me tomo una pausa, hago ejercicio o como algo, y retomo la nota con la cabeza fría.

¿Qué te gustaría que otras mujeres encuentren en tu trabajo?

Inspiración. No siempre escribo de género o temáticas progresistas. Pero espero que mis palabras les den alguna idea o despierte algo dentro de ellas para que salgan a cambiar al mundo.

¿Qué te niegas a romantizar dentro del periodismo?

Los discursos de odio. No hay manera de que escriba sobre algo que discrimine a otra persona. A veces te encuentras con fuentes que tienen esa tendencia a la discriminación y es cuando prefiero omitirlos por completo. No doy voz a discursos de odio.